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Esta vez no sobrecoge la estatura catedralicia. La letra va en minúscula pero el texto es de los más valiosos de la historia de la muestra. Dos diminutas ermitas, San Miguel, en Gormaz, y San Baudelio, en Casillas de Berlanga, muestran una fascinante decoración oculta en la sencillez de su estampa exterior. Son las dos sedes externas que acompañan a la muestra situada en la Concatedral de San Pedro, en Soria, la exposición que sigue entusiasmando a jóvenes y mayores y que tiene en su haber más de diez millones de visitantes

Se abre el telón por decimoquinta vez. Vírgenes y cristos, custodias y retablos, santos de la Iglesia, cruces y poetas, pinturas e imagineros inundan la Concatedral soriana estampando sus firmas: son Alejo de Vahía, Felipe Vigarny, Juan de Juni, Luisa la ‘Roldana’, Juan Picardo, Pedro Berruguete, Gregorio Fernández y tantos anónimos que forman parte de la memoria universal del arte. Ellos fueron los genios que hicieron llorar a la Virgen, sangrar a Cristo, sonreír al niño, y los encargados de expresar con gubias y pinceles la fe de un pueblo.
Redacción|Javier Pérez Andrés
La gratuidad seguirá marcando la política de entrada a esta 15 edición de la Edades del Hombre, una muestra que abrió sus puertas en mayo y las cerrará el 12 de diciembre bajo el lema ‘Paisaje de interior’. Las Edades se iniciaron en 1988 y ya han pasado por todas las catedrales de la región; también por Ponferrada, con una edición dedicada al Camino de Santiago. Su impronta viajera cristalizó en las ediciones de Nueva York y Amberes. Esta vez, Soria, su pequeña ciudad, su enorme concatedral y su provincia son el escenario de la exposición.
Es un territorio rural despoblado de hombres y mujeres, de niños y jóvenes, pero es un escenario natural y patrimonial de inmenso valor cultural. Por eso una buena parte de las 208 obras que se exponen en Las Edades de Soria procede de núcleos muy pequeños, en algunos casos casi deshabitados, aunque abunden las obras en otras poblaciones sorianas de gran valor patrimonial, como Almazán, El Burgo de Osma, Ágreda, Santa María de Huertas, Berlangas de Duero o la propia capital provincial. Pero también de pequeños núcleos, como Tajahuerce, Las Fraguas, Oncala, Alcozar, Gallineros, Monteagudo de las Vicarias, Liceras, Espeja, Ambrona... La exposición muestra sus obras de arte ante el asombro de los visitantes que vuelven a traducir la paradoja: “¿Cómo un pueblo perdido y casi sin habitantes tiene unas obras de arte de valor universal?”. Éste es uno de los grandes aciertos de las Edades del Hombre, que han logrado el aplauso de más de diez millones de personas a lo largo de estos años. El lema de esta edición es ‘Paisaje de interior’. Al margen de la raíz religiosa que impregna los títulos de la magna exposición, también se interioriza en la Soria profunda y destaca de ella dos joyas arquitectónicas de valor incalculable: San Miguel y San Baudelio. El visitante va a Las Edades a saborear el terreno, a identificar mejor una buena parte de la obra expuesta, buena parte restaurada por la Fundación, ya que es uno de sus cometidos. Esto, unido a la doble fascinación que les aguarda con dos sedes externas. La concatedral es el envase central para el contenido de las 208 obras de arte sacro, pero aporta obras de su propio interior, como el retablo mayor, del siglo XVI y dedicado a San Pedro Apóstol (del maestro Francisco del Río); el retablo de San Nicolás, plateresco, de mediados del siglo XVI (con influencias de la Escuela de Valladolid y de Felipe Vigarny), o el de San Miguel, del siglo XVIII. Además de un bello claustro románico.
  
Visitantes ante un tapiz de Oncala. Santa Ana, de Alejo de Vahía. Las virtudes cardinales de El Burgo.
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