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Fue intérprete, profesora y creadora. En pocas ocasiones un bailarín destaca en las tres disciplinas y por igual en cada una de ellas. Mariemma fue una artista completa, una iscariense universal que llevó la danza española por los escenarios de todo el mundo
Mariemma fue la gran bailarina y la gran maestra. Ningún personaje se resistió a la capacidad interpretativa de una de las figuras esenciales de la danza española del siglo XX. Su localidad natal, Íscar, es la depositaria del legado de esta vallisoletana a través del museo que lleva su nombre, que reúne la colección más completa del mundo dedicada a un bailarín. Su museo proporciona un viaje a través de la historia de la danza gracias a una de sus representantes más internacionales.
Redacción|Asun Solís
La huella de Mariemma está repartida sobre las tablas de los escenarios más importantes del mundo. La figura de esta iscariense universal pasará a la historia por su defensa de la danza española y por convertirse en una de sus mejores intérpretes. Su figura es tan versátil que resulta difícil saber si primero fue bailarina o coreógrafa, intérprete o pedagoga. Todos los perfiles la definen y por eso la convierten en una de las artistas más completas de su generación, junto a grandes maestros de la danza como el también vallisoletano Vicente Escudero, Antonio 'el Bailarín' o Gades. Está considerada como una de las Siete Divinas de la Danza, junto a la rusa Tamara Toumanova, la norteamericana Ginger Rogers, la francesa Zizi Jeanmaire, las británicas Margot Fonteyn y Moira Shearer y la española Pilar López.
El Museo Mariemma es el mejor legado que pudo ceder a la localidad que la vio nacer y que evocaba siempre en cuantos escenarios actuaba, países y lugares visitaba. El Ayuntamiento de la localidad apostó por su figura cuando, hace siete años, la propia Mariemma donó su legado artístico a Íscar, con la intención de crear el primer espacio museístico dedicado íntegramente a la danza española. Sin embargo, no pudo contemplar esta obra, pues fallecía en Madrid el 10 de junio de 2008, a la edad de 92 años.
Desde entonces, el pequeño museo local se ha convertido en una referencia para el investigador textil y el figurinista, para el bailarín y el coreógrafo; y en un verdadero lugar de peregrinación para todas las generaciones de bailarines que han pasado por su escuela, para quienes la conocieron y para aquellos otros que hoy estudian su tratado. No sería justo que su valiosa colección de trajes, mantones, figurines, afiches, programas y material documental estuviera lejos de la gente, de ahí el carácter divulgativo de un espacio cultural que se acerca al espectador inexperto, al público, verdadero depositario del legado de una artista que marcó una época. Luchó por la conservación y difusión del patrimonio de la danza española y fue la creadora del único Tratado de Danza Española que hoy siguen las escuelas de mayor prestigio del país.
Uno de los principales valores de la figura de Mariemma reside en su interés por regular el sistema de enseñanza de la danza española, que definió a través de su tratado. La definió en cuatro categorías: la escuela bolera, las danzas folclóricas, los bailes flamencos y la danza estilizada. Unas enseñanzas que impartió en su propia Escuela de Danza, que creó en 1960 en Madrid y que después se trasladaron a las academias que abrió, una década después, en Valladolid e Íscar, además de las que impartió en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Madrid, que dirigió desde 1980.
Bailarina universal
Mariemma se interesó por todo tipo de danzas regionales y llegó a conocer todas las formas del baile español. Definía la danza española como la piedra angular en la que se basaba la danza europea. En su empeño por recuperarla, la sacó del ostracismo en una época marcada por el desinterés hacia este tipo de manifestaciones artísticas. Al ritmo del txistu y el tamboril bailó el masculino aurresku en escenarios internacionales y consiguió subir a escena a la jota, incluida la de Íscar. Incluyó en su repertorio los pasos de baile más elementales y consiguió que los cafés de París y los grandes teatros europeos pagaran por ver bailar una jota. Por eso la sacó del pueblo y la elevó a la categoría de arte. Su obsesión por recopilar la totalidad de las danzas españolas se materializó en 1964 con ‘Ibérica’, estrenada en el Teatro de la Zarzuela, con un recorrido que rinde homenaje a la diversidad y al acervo cultural del pueblo, con una deslumbrante y compleja coreografía de piezas charras, ibicencas y vascas. 
Fue la artista-representante española en algunos de los acontecimientos sociales y culturales más importantes de la época, como la coronación del Sha de Persia. Sólo la familia de Manuel de Falla permitió que ella interpretara el Amor Brujo en escena. Por eso subía a las tablas con los mejores músicos y los trajes de los mejores diseñadores, que nacían fruto de la inspiración y la agudeza de los mejores figurinistas, como Picasso, que dejó su impronta en El Sombrero de Tres Picos.
Íscar en su corazón

Mariemma nunca olvidó sus raíces iscarienses, un lugar al que regresaba con poca frecuencia pero que siempre llevaba en su corazón. De hecho la firma ‘C. de Íscar’ aparece en muchas composiciones como un seudónimo, cuyo significado ella nunca llegó a desvelar, aunque muchos interpretan como una alusión sentimental a su localidad natal. Mariemma, la hija de un zapatero de Íscar que llegó a Paris junto a su familia con apenas dos años, ofreció en su localidad natal algunas actuaciones. El ‘recital de danzas y músicas españolas’ se celebró en ‘el frontón’ el 16 de julio de 1944, con la presencia de Enrique Luzuriaga, su pianista, y todo un pueblo volcado con su hija más ilustre. Mariemma recibió numerosos reconocimientos, como la Medalla de Oro de las Artes en 1981 y el Lazo de Dama de Isabel La Católica (1995). El Ministerio de Cultura francés la concede el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras (1996). También fue presidenta del comité español del Consejo Internacional de la Danza de la Unesco (1976).
Escuela bolera
Caracterizada por el purismo de los pasos, el braceo, la complejidad técnica, el estilo y la utilización de castañuelas. Es la danza clásica española por antonomasia. Se documenta a partir del XVIII y su proyección internacional es clara en el XIX. Vive su declive a principios del siglo pasado. Un ejemplo es ‘la Cachuca’.
(Traje coreografía Mariemma).
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Danzas folclóricas
Mariemma rescató la identidad de los bailes regionales españoles y los colocó sobre los escenarios de todo el mundo. No será hasta su regreso a España cuando se interese por la recuperación y difusión del folclore español, que consideraba un elemento de singular valor en el conjunto del patrimonio cultural de cada región. (Traje de Íscar) |
Bailes flamencos
Mariemma siempre incorpora bailes flamencos en su repertorio. En París entra en contacto con esta modalidad. Su pianista, Enrique Luzuriaga, realiza los arreglos de algunas de sus coreografías más conocidas, como ‘Flamencos de Santa María’. Soleares, alegrías y tarantos son ritmos que interpretó.
(Coreografía Mariemma, bata de cola en seda) |
Danza estilizada
Es la manifestación más elevada y artística del baile español. Se basa en los tres estilos anteriores y surge a raíz de su conocimiento profundo y de la composición libre de pasos y coreografías. La Ibérica -con música de Ravel y Guridi- es uno de los mejores ejemplos que coreografió. Mariemma desarrolló así una nueva estética de la danza española, junto a la música de grandes compositores. (Goyescas) |
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